El Zoológico en Honolulu

Una de las atracciones de aquí es el zoológico y… ¡no es para menos! es un buen recorrido y con ese clima caluroso con lloviznas refrescantes que se tiene en Honolulu, si que se antoja visitarlo. Los niños disfrutan mucho el recorrido admirando a los animalitos que hacen siempre de las suyas.

Nosotras llegamos un poco temprano, así que muchos de los anfitriones estaban en plena siesta…

Más tarde ya había quien estaba tomando sol…

Algunas especies se veían por ahí charlando con las amigas…

Y la verdad es que todos fueron muy atentos…

Aunque no faltaron los chismosos…

O los que andaban enojados…

La lluvia llegó y con ella  la hora de la comida.  Mi niña de cuatro meses esperaba su biberón de leche tibia, pero para mí las opciones no eran muchas.  Como cualquier ciudad americana el platillo que más se vende son las hamburguesas y papas fritas, así que como la variedad eran tan poca, pues eso tuve que comer.  Lo gracioso es que  cerca de mi mesa había un inesperado amigo que estuvo muy cerca de nosotras todo el tiempo…

Y aunque había otras familias por ahí,él estaba justo detrás de nosotras, pegadito a la silla…

¡Era un pavorreal! pero yo creo que en su vida pasada fue un perro, porque se esperaba junto a mí a ver que migaja se caía para ir tras ella.

Aunque el pobre no era muy ágil y los pajaritos que rondaban también por ahí salían de todas partes para ganarle la comida que caía o que la gente aventaba al piso.

Parecía  nuestro “perro-pavorreal” que al final terminó por comerse la mitad del pan de mi hamburguesa, que por cierto, no estaba tan buena.

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Noviembre con ritmo hawaiano

Noviembre con ritmo hawaiano

Después de casi doce horas de trayecto desde Ciudad de México, llegamos a un paraíso conocido como Honolulu.  El cansancio se disipa tan pronto y se siente el delicioso clima de Hawaii, gracias a esa parte al aire libre que tiene el aeropuerto.

El ambiente que se siente es tan rico que hasta mi nena de meses parecía saludar a todos con un “Aloha” en cada sonrisa que iba regalando a la gente al pasar.

El primer reconocimiento fue en el área cercana al hotel, y no pude evitar decirme un “Wow!” mental mientras transitábamos por la Avenida Kalakahua, tan prolija y bien cuidada. Desde ahí no se ve aún el mar, pero sí a los surfers pasar con tabla y todo. Hasta las cabinas de teléfono están lindas y evocan a la flora de la isla.

Quien diga que Hawaii es para hacerlo sólo con coche, tiene razón… en parte. La verdad es que a mí me gusta mucho caminar y ahora con bebita a cuestas me tardo aún más por el peso de ella pues prefiero mil veces andar con el “cangurito” que con la carreola, pero debo decir que fue un placer pasear con mi nena.

Para variar mi esposo trabajó los primeros días de nuestra estancia allá, por lo que nosotras estuvimos prácticamente a nuestro aire toda una semana.

Lo primero que quise hacer fue comprarle un outfit a ella para estar en la onda floral, así que me fui al International Market Place, un mercado bastante grande con puestos de ropa de verano, souvenirs, collares de flores, pulseras, recuerdos y hasta gitana de la suerte para quienes estaban curiosos de adivinar su futuro.

Supe ahí que a las famosas camisas con flores multicolores, les dicen “Aloha Shirt” y son las típicas que los turistas compran de recuerdo en estas islas del Pacífico.