Plan de fin de semana… en Hawaii

Un plan que se me antoja mucho es estar cerca del mar  (¿a quién no?) y mi recomendación para el fin de semana, es ir a una de las más populares playas en Honolulu:  Waikiki Beach.

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Aunque es una playa muy concurrida por surfers y turistas, siempre hay un lugarcito para tomar el sol y admirar el paisaje que ofrece este lugar con olor a coco y menta.

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Si se animan a dar una caminata por los alrededores encontrarán uno de los primeros y más lujosos hoteles de Waikiki, el Royal Hawaiian Hotel, que abrió sus puertas en 1927. Seguro lo reconocerán porque es el único cuya fachada está pintada de rosa en su totalidad; hasta hoy día conserva el color de moda de la época en que fue construido.

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La policía que cuida las calles y playas de Waikiki también decidieron apropiarse de un color muy particular y es que llevan una camisa “amarillo canario”, eso sí, muy prolijos, bien armados, van montados en bicicletas; generalmente los verán en grupos de más de cinco.

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La playa es limpia, tranquila y segura.  Se respira alegría y frescura desde unas cuadras antes de llegar.  Y hay alguien que literalmente los recibirá con los brazos abiertos desde Kalakawa Avenue. Se trata de un morenazo, alto y de buen talante que casi siempre trae collares de flores a la mano.  Señoras y señoritas: no se emocionen de más… les presento al Duke Paoa Kahanamoku, o mejor dicho, la escultura que erigieron en su nombre:

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Entre otras cosas, este hombre, mejor conocido como el “Padre del Surfing internacional”, fue nadador, medallista olímpico, político, actor y verdadero héroe.  Murió en 1968.

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¡Qué ganas de darse una escapada!

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El Zoológico en Honolulu

Una de las atracciones de aquí es el zoológico y… ¡no es para menos! es un buen recorrido y con ese clima caluroso con lloviznas refrescantes que se tiene en Honolulu, si que se antoja visitarlo. Los niños disfrutan mucho el recorrido admirando a los animalitos que hacen siempre de las suyas.

Nosotras llegamos un poco temprano, así que muchos de los anfitriones estaban en plena siesta…

Más tarde ya había quien estaba tomando sol…

Algunas especies se veían por ahí charlando con las amigas…

Y la verdad es que todos fueron muy atentos…

Aunque no faltaron los chismosos…

O los que andaban enojados…

La lluvia llegó y con ella  la hora de la comida.  Mi niña de cuatro meses esperaba su biberón de leche tibia, pero para mí las opciones no eran muchas.  Como cualquier ciudad americana el platillo que más se vende son las hamburguesas y papas fritas, así que como la variedad eran tan poca, pues eso tuve que comer.  Lo gracioso es que  cerca de mi mesa había un inesperado amigo que estuvo muy cerca de nosotras todo el tiempo…

Y aunque había otras familias por ahí,él estaba justo detrás de nosotras, pegadito a la silla…

¡Era un pavorreal! pero yo creo que en su vida pasada fue un perro, porque se esperaba junto a mí a ver que migaja se caía para ir tras ella.

Aunque el pobre no era muy ágil y los pajaritos que rondaban también por ahí salían de todas partes para ganarle la comida que caía o que la gente aventaba al piso.

Parecía  nuestro “perro-pavorreal” que al final terminó por comerse la mitad del pan de mi hamburguesa, que por cierto, no estaba tan buena.