La calle de la Amargura

IMG_63241MAGAPIX-2Hay un dicho antiguo que dice que si te traen por la Calle de la Amargura es porque algún ingrato amor no te corresponde de la misma forma, pero en la Ciudad de México tenemos una vía empedrada en el barrio de San Ángel, que nada tiene que ver con ese dicho popular. Sábados y domingos sobre todo, la Amargura se viste de fiesta y es por eso que este sábado mi familia y yo decidimos ir desde temprano para pasear todo el día por este barrio tan colorido y siempre lleno de arte y exquisiteces que el paladar agradece.

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Llegamos a eso de las 10:00 am y ya nos esperaban algunos amigos con un espléndido desayuno dentro de uno de los restaurantes de Amargura 17. Por fuera la fachada colonial color rojo no devela la fusión de la arquitectura moderna que esta plaza tiene en su interior.   A la entrada, no sólo están dos restaurantes con lindas terrazas, sino que hay en sus pasillos diferentes boutiques que venden entre muchas cosas, desde artículos de decoración, telas, cojines, antigüedades y regalos. Nos resistimos a entrar, solo porque moríamos de hambre y nuestros amigos estaban ya en la mesa.

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La plática y las delicias matutinas transcurrían mientras el sol caía en los jardines con bugambilias junto a nuestra terraza. Se alcanzaban a ver algunos niños correteando alrededor de un estanque, donde unos peces dorados parecían jugar con esos pequeños desde el agua.

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Como el día apenas comenzaba, después del último café latte nos fuimos a visitar una de las boutiques que invitan a quedarse a comprar todo lo que en ellas se ofrece. Nos gustaron mucho los adornos y artesanías mexicanas, los textiles con flores de colores chillantes que contrastaban con carteras de aplicaciones en blanco y negro; sin contar con unos medallones y camafeos que parecían antigüedades que sólo habíamos visto en películas de época. Casi a rastras nos tuvieron que sacar, porque la verdad no teníamos la menor intensión de irnos, pero lo cierto es que teníamos una cita con Diego Rivera y Frida Kahlo.

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Recorrimos caminando algunas de las calles de esta colonia sureña de la Ciudad de México, admirando las mansiones que en algún tiempo, dicen que llegaron a ser casas de campo, allá por los años 30 del siglo pasado. Algunas de ellas, parece que eran muy típicas en su construcción y estructura de grandes espacios y terrenos, con patios centrales, un zaguán y jardines arbolados, como la Casa del Risco, en la esquina norte de la plaza San Jacinto. Es difícil imaginarlas hoy en día en medio del bullicio de coches y personas que serpentean cada calle intentando impregnarse de magia y sabor mexicano.

IMG_64041MAGAPIX-2Después de ver fachadas impresionantes y rincones pintorescos a nuestro paso, llegamos a la avenida Altavista, donde la antigua y deslumbrante Hacienda Goicochea, mejor conocida como Restaurante San Ángel Inn, nos indicaba que estábamos cerca de nuestro destino, sólo que teníamos que cruzar con mucho cuidado esa avenida donde los carros pasaban a alta velocidad.IMG_62231MAGAPIX-2

Entramos a unas de las casas más famosas de San Ángel, las tres creadas por el arquitecto y muralista mexicano Juan O´Gorman: La Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo y el propio estudio de O´Gorman.

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Como llevábamos nuestras compras en bolsas, las tuvimos que dejar a la entrada de estas casas-museo. Nos explicaban que era muy importante venir lo más despojados posibles pues los espacios eran reducidos, así que muy amablemente nos invitaron a dejar nuestras cosas a la entrada para poder pasar.

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Las casas de por si son ya un disfrute lleno de vibras artísticas de grandes genios, desde el mismo personaje que las construyó, hasta esta pareja de artistas mexicanos tan conocida en el mundo entero. Desde la entrada, todo huele a México, a tesoros e inspiración.

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En su tiempo eran casas modernísimas que marcaron tendencia, despojadas de adornos y con mosaicos a la vista; los cactus que las separa unas de otras, son como un componente orgánico y referencial. Adentro del estudio de Rivera, esos Judas, calaveras y mascarones, que son parte de los objetos personales y obras exhibidos, hoy se antojan tan característicos de la artesanía típicamente mexicana.

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Unida por un puente, está la casa estudio de Frida Kahlo, mucho más pequeña y despojada de objetos y recuerdos de ella. Tal vez una invitación tácita para conocer la Casa Azul en Coyoacán. Pero pasear por entre esos muros y estrechísimas escaleras fue bastante enriquecedor y un recorrido lleno de sorpresas.

IMG_62911MAGAPIX-3Uno de los guías que deambulaba sonriente nos retó a encontrar la firma del arquitecto O´Gorman con el año en que terminó la casa en algún rincón exterior de uno de los muros. Nos sentíamos niños jugando carreras y viendo literalmente de piso a techo los alrededores de la casa que nos explicaron además que era la “primera casa funcionalista de México”.

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Para rematar con eso, el estudio del arquitecto O´Gorman, quien por cierto también era muralista y con fuerte influencia de Rivera y Kahlo, conserva un bosquejo de un mural que el mismo había pintado en una de las paredes y que afortunadamente se conserva en buenas condiciones. Estas casas que la UNAM restauró y convirtió en museos, para disfrute de visitantes nacionales y extranjeros, es una visita breve que vale mucho la pena.

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Volvimos por nuestros propios pasos para regresar a la Calle de la Amargura. Mientras el sol de la tarde comenzaba a lanzar sus rayos tostados sobre nosotros, tomamos un helado y seguimos nuestra travesía por La Plaza San Jacinto, que a esta hora del día estaba aún más llena de gente, pero quisimos seguir recorriendo y admirar sus galerías, los puestos ambulantes con infinidad de cosas divinas e imaginar que no estábamos en la Ciudad de México, sino perdidos en algún pueblo mágico del centro del país.

 

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Anécdotas de viaje

IMG_0637MAGAPIXNo todo es miel sobre hojuelas a la hora de viajar.  Es lindo conocer otros lugares y ver otras realidades, pero la verdad es que hay algunos detalles que aunque se convierten en anécdotas, de pronto no son tan agradables. Aquí les comparto una al llegar a NYC.

Mi esposo no es de México y aunado a eso, tiene visa de trabajo en USA así que cuando vamos de viaje para Estados Unidos obvio a él en un 2×3 ya le pusieron el sello de bienvenida en su pasaporte.  El tema es que yo saco mi pasaporte de MEXICO y bueno… ahí las preguntas interminables de qué hago ahí… y que ponga el pulgar derecho en su maquinita, ahora el izquierdo… ahora el dedo indice derecho… y también  el izquierdo, y así hasta poner los diez dedos de las manos.  Sinceramente, me dan ganas de poner otro tipo de huellas, pero no quiero que me trepen de vuelta en el siguiente avión a México. Igual ya sé que me sellarán mi pasaporte y me dirán “Welcome!“, pero la verdad, últimamente estoy predispuesta con el nuevo presidente de ese país.

¿Estaré mal?

IMG_0650MAGAPIXDe todos modos, ese detalle no mermó para nada la diversión en mi viaje y la fascinación por Nueva York con todo y sus ríos de gente.

IMG_0642MAGAPIXHace poco me sentí muy identificada con una cuenta que sigo en Instagram, que decía  que Nueva York no es para caminantes lentos ¡y es totalmente cierto!  Sobre todo en la Quinta Avenida donde todos van como si trajeran rieles.

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Yo considero que camino rápido, pero después de unos días de estar allá y haber recorrido unas decenas de kilómetros, de pronto sentí que esas olas de gente me llevaban más rápido de lo que yo quería caminar, así que me subí unos minutos a unas escaleras justo en la esquina de la 53th St y Fifth Avenue y me aparté un momento de esa vorágine.

IMG_0649MAGAPIXEstuve ahí tomando algunas fotos y no de algo en particular, sino de la avenida, de las personas al pasar, de los camiones. Los escalones estaban vacíos cuando llegué, pero pronto se convirtieron en punto de reunión de varias personas.

IMG_0655MAGAPIXInvoluntariamente escuché una que otra conversación y es que estuve ahí casi diez minutos, pero en ese corto lapso de tiempo, se paró una familia  junto a mí a decidir dónde ir y ponerse de acuerdo, porque al parecer unos querían hacer una cosa y otros, se empeñaban en ir en dirección opuesta. Después, un grupo de turistas asiáticos (a ellos no les entendí mucho…) también subieron esas escaleras y parecían estar viendo una aplicación del celular.

IMG_0652MAGAPIXTambién un fotógrafo decidió irse justo al peldaño debajo de donde estaba yo a cambiarle el lente a su cámara y ponerle un transmisor en la zapata; más tarde, un grupo de adolescentes a los que también les latió ese espacio, se pararon un rato ahí para mirar hacia arriba y para todos lados.

IMG_0656MAGAPIXMe gustó ese pequeño respiro.  Creo que en la ciudad donde vivo no lo he hecho nunca eso de parar-para-ver.  En cierta forma al viajar puedes darte esos pequeños lujos. Observar un poco más… tal vez de espiar furtivamente a un grupo de personas que se cruzan en el mismo espacio y tiempo contigo y, aunque son absolutamente desconocidas, ahora también ya forman parte de tu viaje.

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One World Observatory

 

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Tenía unos años de no venir a Nueva York pero a la parte del llamado Ground Zero o donde estuvieron las Torres Gemelas, no venía desde exactamente dos semanas previas al trágico 9/11.

En anteriores ocasiones deliberadamente no había querido pasear por Lower Manhattan y aunque en este viaje tampoco me animé a conocer el National Center Memorial and Museum, si fui con mi esposo a admirar la llamada Freedom Tower o One World Observatory, una gigantesca estructura que está erigida en una parte del original World Trade Center.

Este enorme rascacielos construido por el arquitecto David Childs es el edificio más alto de toda la ciudad de Nueva York y el sexto a nivel mundial.  El rascacielos más alto  es el Burj Khalifa y está en Dubai.

El mirador de One World Observatory es de 360 grados donde se puede admirar toda la ciudad desde el piso 102. Claro que hay ventanales más “ocupados” que otros, especialmente los que están justo frente el Empire States o los puentes de Manhattan y Brooklyn.

 

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