La Cordillera a mis pies

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Regreso a Santiago de Chile después de casi tres años de haber estado aquí por primera vez. Me emociona llegar a este país que durante aquel breve tiempo me trató de maravilla.

Probé un vuelo saliendo de Buenos Aires por Sky Airline y la verdad me temía un “guajolo-jet” en el que te dan a la entrada tu pan con queso y un vaso vacío y a esperar después algo de café, pero todo lo contrario porque estuvo más que bien, tanto el avión como el servicio y también el café. Me arrepiento por esa mala expectativa. De nuevo constato que mis chilenos no me fallan.

Lo que me arrancó una buena carcajada fue el aterrizaje y es que casi al llegar a tierra, una bolsa de aire hizo de las suyas y se sintió como cuando la Montaña Rusa te avienta por una de esas bajadas que te ponen el estómago de gargantilla. Fue tan inesperado que a la mitad de los pasajeros se les escapó un “Wuaaaah….” No fue para menos pero yo me moría de risa no se si de nervios, de gusto o una mezcla de las dos.

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Barrio Lastarria, Bellavista y Funicular

Me armé un tour a pie a la medida de mis posibilidades, porque la aplicación del teléfono estaba un poco descabellada en cuanto a distancias, y considerando que aunque quería caminar, tampoco me proponía romper un récord con mi ya notoria panza de embarazo, así que esta vez me bajé en  la estación de metro  “Universidad Católica”, que era la más cercana a una iglesia que me pareció valía la pena ir a ver antes de mi caminata hacia el Patio Bellavista.

IGLESIA DE LA VERA CRUZ

Sin saberlo, me estaba dirigiendo al llamado Barrio Lastarria, que fue por mucho una de las cosas que más disfruté pateando la ciudad de Santiago.  Resulta que la Iglesia de la Vera Cruz estaba al inicio de la calle Lastarria,  donde había edificaciones de distintos estilos y un ambiente bastante agradable con cafecitos, librerías, bares, terrazas y tiendas de diseño que invitaban a entrar y a quedarse un rato más.

Los jueves, viernes y sábados en esta zona se pone una Feria de Antigüedades donde venden platería, cuadros, cerámica, y libros de todo tipo.

PATIO BELLAVISTA

Turistas y locales acuden a esta plaza que reúne muchos comercios de joyería, especialmente de lapislázuli,  artesanías, souvenirs y por supuesto restaurantes y bares para todos los gustos y bolsillos.  Me encantó que hubiera un local de jugos 100% naturales porque abundan las bebidas de frutas de “pulpa” que son pura azúcar de sabores.

Bellavista para pasar la tarde está bien y andar curioseando un poco, pero tiene mucho mejor onda en la noche, para poder tomarse un pisco sour, o la bebida que se antoje (los que puedan) o como yo, que me la vivía a pura limonada natural…

LA CHASCONA

Unas calles más adelante del Patio Bellavista, está La Chascona, que es una de las casas que tuvo Pablo Neruda, y es visita obligada si ya andas en la zona. Está  ubicada en Fernando Márquez de la Plata 0192.

En esta casa-museo se conserva una pinacoteca con obras de pintores chilenos y algunos extranjeros y por supuesto algunos ambientes y objetos del poeta Neruda.

FUNICULAR Y VIRGEN

Regresando por la misma calle de Márquez de Plata, con dirección hacia la calle de Pio Nono me fui hacia el funicular para subir a la cumbre del Cerro San Cristóbal.

Hay antes  una parada que te deja en el Zoológico, pero preferí llegar directo hacia la ultima parada que es donde está la estatua de la Virgen María, y además disfrutar la vista de la ciudad en el camino.