San Judas Tadeo y la Santa Muerte

San Judas Vs.  La Santa MuerteSanJudasySantaMuerte

En el cruce de las calles Jesús María y Emiliano Zapata del Centro Histórico de México, D.F. hay dos altares confrontados que contrastan entre el culto popular o pagano y el fervor católico.  En esa transitada esquina, dos figuras popularmente veneradas se miran a los ojos en una especie de duelo callejero: San Judas Tadeo, el apóstol de los casos difíciles y desesperados y la mexicanísima Santa Muerte, que según dicen, es aquella que concede los favores más insospechados y que algunos aseguran tiene su origen en tradiciones previas a la conquista.

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El culto a la imagen de la Santa Muerte crece cada vez más y muchos mexicanos trazan una suerte de vínculo entre San Judas Tadeo y esta figura pagana. “Se corre en riesgo de caer en profundas desviaciones de fe y aún en herejía”, dice la Arquidiócesis Primada de México al respecto. A pesar de todo, el culto a la Santa Muerte ha tomando mucha fuerza en este siglo, especialmente en barrios populares como el de Tepito donde se encuentra el santuario más grande dedicado a ella.

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San Judas Tadeo en cambio recibe a su fieles en el Templo de San Hipólito, ubicado en la esquina de Avenida Hidalgo y Paseo de la Reforma, especialmente cada 28 de octubre, fecha en que se colapsa el tráfico por las multitudes que se juntan día y noche para adorarlo.

Sin embargo, en este otro concurrido rincón de la ciudad, a sólo unas cuadras de la Catedral Metropolitana, comerciantes, turistas y residentes del Centro Histórico pasan a depositar ofrendas, escapularios o imágenes para pedir algún milagro… al santo que más les guste.

 

Jesús María esquina Emiliano Zapata

Centro Histórico

México D.F.

Mercado de la Merced

Recorrer los pasillos del Mercado de la Merced es toda una aventura, y aún más durante la celebración de su aniversario.  El 24 de septiembre cumplió 55 años de vida este singular mercado nacional y ¡vaya que festejaron!

No se sabe a qué hora comenzó y mucho menos hasta cuando durará porque parece que la fiesta no termina nunca y es que, la gente acude desde temprano a venerar los diferentes altares de la Virgen de la Merced que se adornan con flores, frutos, globos, luces, girnaldas y todo tipo de fantasía, mientras hace sus compras.

Entre chiles, ajos y cebollas están las imágenes de las vírgenes con ángeles guardianes y niños dios.

Vas pasando por los corredores al ritmo de alguna cumbia con toda la potencia de los diferentes equipos de audio: “Mientras más alto mejor… ¡para que se oiga que estamos de fiesta!”, dice alguno, y la verdad es que este ambiente festivo se mezcla entre música de banda, mariachi, ranchero y algunos danzantes que conviven en este mismo espacio de celebración.

Es algo extraño, pero los sonidos se van mezclando casi armónicamente en ese desorden instrumental que va siempre a todo volumen.

Después del impacto inicial de entrar en este gran mercado, volteo a ver las mercancías y se me antoja comprar todo. No por nada, La Merced es un sitio comercial por excelencia…  Y es que por donde paso los productos son de lo mejor; los precios son bajísimos y la variedad de comida y condimentos son como para llenar las bolsas del mandado hasta el tope.

Otra cosa que se me antojó aquí es bailar.  Una señora que vende piñatas me sonríe mientras me ve contenerme con la música que sale de unas bocinas gigantes.  No me atrevo a soltarme bailando, pero me conformo con cantar al son que me toquen, casi como el dicho popular.

Acá se juntan cientos de personas a comer, comprar, vender y ver los espectáculos que en cualquier recoveco se acomodan para honrar a las vírgenes que apaciblemente aguardan en sus altares.

Como esta chiquitina vestida de verde que dicen que durante todo el año está “escondida” ahí arriba, en esa vitrina que cuelga al centro de la guirnalda, pero el día de fiesta la ponen junto a su niño para que adorne esta parte y de paso, cuide a los pequeños del lugar.

La parte esotérica para los que gustan del abracadabra, también viene incluida en este paseo, que debió de haber durado todo el día o más, pero que para mí está casi por terminar.

Entre santos y escapularios, hay una sección dedicado a la Santa Muerte y los poderes del ocultismo.

En el pasillo de “Luz, Ciencia y Verdad”, como lo llaman, hay de todo y para todos los gustos y creencias.   También dan servicio de lectura de mano, barajas, limpias espirituales y cuentan además con un sinnúmero de secretos y conjuros mágicos.

Más personas ya empiezan a llenar los espacios y a amontonarse frente a los puestos y negocios del mercado.

Hay algunos comerciantes que ofrecen comida gratis a la gente que va pasando.  Otros más parecen no inmutarse ante el asombro del grupo de forasteros que andamos dando una vuelta por este rumbo.

Pero debo decir que todos fueron muy cordiales.  Nos hacían cómplices  con un guiño, como si  nos dejaran saber que por hoy podíamos serpentear por su mundo, rodeados de todo el encanto de una festividad muy especial.