Un ángel caído

En el vestíbulo del Palacio de los Condes de Heras Soto, un singular personaje de alma de bronce y fracturas imborrables recibe a los visitantes de este recinto que hoy funciona como el Archivo Histórico del Distrito Federal:  Es la cabeza del original y primer Ángel de la Independencia, un ícono de la capital mexicana que nació en el ocaso de la dictadura del General Porfirio Díaz, cuando el ex presidente lo mandó erigir para celebrar el primer centenario de la Independencia (1910).

El rostro fue recuperado del asfalto de la avenida Reforma en 1957 después del terremoto que sacudió la Ciudad  de México en la madrugada de un 28 de julio; pero la cabeza no pudo ser restaurada debido a sus daños estructurales.

El monumento que fue reconstruido exhibe otro rostro con similares características y es el que se impone hoy en día en la avenida soñada por el emperador Maximiliano I, dejando a aquel que hace más de un siglo fue el protagonista de fama y admiración en un pequeño espacio en la calle de República de Chile 8, del Centro Histórico del D.F.

Chapultepec para todos

La tranquilidad de la Casa del Lago parece contrastar con la algarabía y color con que se ilumina Chapultepec los domingos.

Familias enteras planean el día para ir a dar un paseo por este parque legendario que tiene diferentes atracciones para grandes y pequeños.

En esta primera sección del Bosque de Chapultepec hay diferentes cosas  que hacer para todos los gustos y posibilidades.

Es atractivo incluso para aquellos que solo quieren ir a caminar por los bulliciosos senderos tapizados de puestos con los más coloridas posibilidades para comer, jugar, o entretenerse.

Chapultepec vibra cada domingo pero está vigente siempre

en su México que lo ha visto desde hace siglos hasta transformarse en lo que es hoy.

Y… ¡Llegaron los alebrijes!

 

 

 

Gigantes multicolor se presentaron con bombo y platillo en un desfile que organizó el Museo de Arte Popular y ahora se exhiben en el Paseo de la Reforma del D.F.

Artesanos mexicanos construyen piezas únicas de papel y cartón pintadas de colores vibrantes y llamativos, y como todo lo que se hace en México se hace a “lo grande” -dicen-, pues esto no es la excepción.

Aunque este es el cuarto año que se hace esta exposición, para mí es la segunda que voy a admirar, pero esta vez lo hice junto a mi familia, así que la disfruté más.

Estos alebrijes son piezas únicas hechas de papel, cartón y alambre que parecen ser arrancadas de la imaginación de sus creadores.  Sus formas son más bien extrañas y algunos evocan  seres de otro planeta, o animales prehistóricos de caricatura… o más bien parecen insectos que aumentaron de algún modo su tamaño… bueno, ¡ellos son los alebrijes! que año con año salen a las calles de México a demostrar que sigue viva una tradición que empezó a principio de los años treinta.

Hay diferentes versiones sobre el origen de los alebrijes, pero a mí la que más me gusta es la que cuenta que el primer artesano que logró hacer uno,  se llamaba Pedro Linares López, de oficio cartonero del barrio de La Merced, quien enfermó gravemente y durante muchos días estuvo inconciente, hasta el punto en que lo creían muerto.  En medio de su velorio, Linares despertó repentinamente ante el asombro de familiares y amigos y relató que durante su letargo, soñó criaturas fantásticas de formas y tamaños diferentes, cuyos cuerpos eran combinaciones de distintos animales de todas las épocas y latitudes.

No se sabe si esta historia es verdadera o no, pero es parte de la cultura popular, así que para poder ver de cerca a estos seres imaginarios, solo hay que esperar que sean vísperas de los festejos de Día de Muertos y darse una vuelta por Reforma… ahí estarán los alebrijes monumentales.