Mercado de la Merced

Recorrer los pasillos del Mercado de la Merced es toda una aventura, y aún más durante la celebración de su aniversario.  El 24 de septiembre cumplió 55 años de vida este singular mercado nacional y ¡vaya que festejaron!

No se sabe a qué hora comenzó y mucho menos hasta cuando durará porque parece que la fiesta no termina nunca y es que, la gente acude desde temprano a venerar los diferentes altares de la Virgen de la Merced que se adornan con flores, frutos, globos, luces, girnaldas y todo tipo de fantasía, mientras hace sus compras.

Entre chiles, ajos y cebollas están las imágenes de las vírgenes con ángeles guardianes y niños dios.

Vas pasando por los corredores al ritmo de alguna cumbia con toda la potencia de los diferentes equipos de audio: “Mientras más alto mejor… ¡para que se oiga que estamos de fiesta!”, dice alguno, y la verdad es que este ambiente festivo se mezcla entre música de banda, mariachi, ranchero y algunos danzantes que conviven en este mismo espacio de celebración.

Es algo extraño, pero los sonidos se van mezclando casi armónicamente en ese desorden instrumental que va siempre a todo volumen.

Después del impacto inicial de entrar en este gran mercado, volteo a ver las mercancías y se me antoja comprar todo. No por nada, La Merced es un sitio comercial por excelencia…  Y es que por donde paso los productos son de lo mejor; los precios son bajísimos y la variedad de comida y condimentos son como para llenar las bolsas del mandado hasta el tope.

Otra cosa que se me antojó aquí es bailar.  Una señora que vende piñatas me sonríe mientras me ve contenerme con la música que sale de unas bocinas gigantes.  No me atrevo a soltarme bailando, pero me conformo con cantar al son que me toquen, casi como el dicho popular.

Acá se juntan cientos de personas a comer, comprar, vender y ver los espectáculos que en cualquier recoveco se acomodan para honrar a las vírgenes que apaciblemente aguardan en sus altares.

Como esta chiquitina vestida de verde que dicen que durante todo el año está “escondida” ahí arriba, en esa vitrina que cuelga al centro de la guirnalda, pero el día de fiesta la ponen junto a su niño para que adorne esta parte y de paso, cuide a los pequeños del lugar.

La parte esotérica para los que gustan del abracadabra, también viene incluida en este paseo, que debió de haber durado todo el día o más, pero que para mí está casi por terminar.

Entre santos y escapularios, hay una sección dedicado a la Santa Muerte y los poderes del ocultismo.

En el pasillo de “Luz, Ciencia y Verdad”, como lo llaman, hay de todo y para todos los gustos y creencias.   También dan servicio de lectura de mano, barajas, limpias espirituales y cuentan además con un sinnúmero de secretos y conjuros mágicos.

Más personas ya empiezan a llenar los espacios y a amontonarse frente a los puestos y negocios del mercado.

Hay algunos comerciantes que ofrecen comida gratis a la gente que va pasando.  Otros más parecen no inmutarse ante el asombro del grupo de forasteros que andamos dando una vuelta por este rumbo.

Pero debo decir que todos fueron muy cordiales.  Nos hacían cómplices  con un guiño, como si  nos dejaran saber que por hoy podíamos serpentear por su mundo, rodeados de todo el encanto de una festividad muy especial.

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Un ángel caído

En el vestíbulo del Palacio de los Condes de Heras Soto, un singular personaje de alma de bronce y fracturas imborrables recibe a los visitantes de este recinto que hoy funciona como el Archivo Histórico del Distrito Federal:  Es la cabeza del original y primer Ángel de la Independencia, un ícono de la capital mexicana que nació en el ocaso de la dictadura del General Porfirio Díaz, cuando el ex presidente lo mandó erigir para celebrar el primer centenario de la Independencia (1910).

El rostro fue recuperado del asfalto de la avenida Reforma en 1957 después del terremoto que sacudió la Ciudad  de México en la madrugada de un 28 de julio; pero la cabeza no pudo ser restaurada debido a sus daños estructurales.

El monumento que fue reconstruido exhibe otro rostro con similares características y es el que se impone hoy en día en la avenida soñada por el emperador Maximiliano I, dejando a aquel que hace más de un siglo fue el protagonista de fama y admiración en un pequeño espacio en la calle de República de Chile 8, del Centro Histórico del D.F.

Dos bebidas y dos botanas típicas de México

La comida mexicana es vasta,  rica y  variada de acuerdo a la temporada, región y gustos.  Alguien me pidió que le recomendara sólo dos cosas para comer típicas de México y fáciles de encontrar.

Uf!! Me la pusieron difícil porque personalmente me gustan muchos platillos que sólo aquí se encuentran, además me tomé la libertad de poner dos cosas de comida y dos de bebida (a  ver si están de acuerdo mis compatriotas) pero he aquí mis recomendaciones:

Ensalada de nopales.

Los nopales son nutritivos, ligeros y típicos de nuestro México. Lo difícil es encontrarlos en otro lado.  Los nopales siempre se destacan por su consistencia suave y aunque pueden mezclarse con muchas cosas, una ensalada fría de estas plantas silvestres revuelta con otras verduras es muy sabrosa.

Algo que se sirve en cualquier restaurante típico del centro de México, son las dos salsas más socorridas para aderezar platillos y botanas tradicionales mexicanas:

Salsa verde y salsa roja.

Para el visitante es una aventura culinaria que no debe pasarse por alto.  Eso sí, hay que tomar algunas precauciones antes de probarlas, como tener a la mano una jarra de agua con hielos por ejemplo….  No hay que perderse la experiencia de saborear aunque sea unas gotitas de cada una, servidas en una tortilla o en un totopo.  Generalmente la roja es la más picante.

Tanto los nopales como las tortillas con salsa son sólo un entremés, ya depende del gusto de cada quien o las recomendaciones del lugar, lo que se escoja para el segundo tiempo.

En cuanto a las bebidas, la primera que recomiendo es:

El Tequila.

Aunque tequila hay casi en todo el mundo, hay dos variantes que son difíciles de encontrar en otro lado y esas son el reposado y añejo, ambos mucho más ricos y menos fuertes que el tequila blanco, que generalmente es el que se comercializa en el exterior.

Una oportunidad para probar el tequila en el país que lo ve destilar desde hace casi cuatro siglos vale la pena.  Lo típico es que venga acompañado de otro vaso con “sangrita”, limón y sal.

Ya por último y no por eso menos importante, mi favorito:

El café de olla.

Recomendable por su sabor a México. Así como viene servido está listo para tomar. No es necesario endulzarlo más porque viene preparado con piloncillo y canela que le dan un sabor azucarado muy peculiar.

Se llama café de olla porque su elaboración se hace en una olla de barro y se sirve bien caliente en un jarrito del mismo material.   Puede tomarse a cualquier hora del día y  el sabor es mmmm…. exquisito.    ¡Buen provecho!

Niños en la Costanera

Un lugar imprescindible de ver en Buenos Aires es la Costanera.  Definitivamente es ideal para ver el atardecer, familias pescando o niños correteando por ahí.  Muchos turistas no había, uno que otro nada más.  Será porque dicen que no es muy seguro que digamos a altas horas de la tarde. Pero la belleza de este sitio vale la pena para ir a tomar al menos alguna bebida helada que mitigue el calor intenso de Capital Federal en los días de febrero, cuando el sol ya cae rendido de tanto alumbrar.

Estos nenes andaban de un lado a otro, juntos para acá y para allá, con una energía que parecía interminable!! y de pronto se asomaron  hacia el río como si fuera ese el sitio para recargar batería.  Ellos sin “remera”, como le dicen allá a las camisetas… ellos sin remera y sin pensar en mañana, solo viviendo ese momento.

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Y… ¡Llegaron los alebrijes!

 

 

 

Gigantes multicolor se presentaron con bombo y platillo en un desfile que organizó el Museo de Arte Popular y ahora se exhiben en el Paseo de la Reforma del D.F.

Artesanos mexicanos construyen piezas únicas de papel y cartón pintadas de colores vibrantes y llamativos, y como todo lo que se hace en México se hace a “lo grande” -dicen-, pues esto no es la excepción.

Aunque este es el cuarto año que se hace esta exposición, para mí es la segunda que voy a admirar, pero esta vez lo hice junto a mi familia, así que la disfruté más.

Estos alebrijes son piezas únicas hechas de papel, cartón y alambre que parecen ser arrancadas de la imaginación de sus creadores.  Sus formas son más bien extrañas y algunos evocan  seres de otro planeta, o animales prehistóricos de caricatura… o más bien parecen insectos que aumentaron de algún modo su tamaño… bueno, ¡ellos son los alebrijes! que año con año salen a las calles de México a demostrar que sigue viva una tradición que empezó a principio de los años treinta.

Hay diferentes versiones sobre el origen de los alebrijes, pero a mí la que más me gusta es la que cuenta que el primer artesano que logró hacer uno,  se llamaba Pedro Linares López, de oficio cartonero del barrio de La Merced, quien enfermó gravemente y durante muchos días estuvo inconciente, hasta el punto en que lo creían muerto.  En medio de su velorio, Linares despertó repentinamente ante el asombro de familiares y amigos y relató que durante su letargo, soñó criaturas fantásticas de formas y tamaños diferentes, cuyos cuerpos eran combinaciones de distintos animales de todas las épocas y latitudes.

No se sabe si esta historia es verdadera o no, pero es parte de la cultura popular, así que para poder ver de cerca a estos seres imaginarios, solo hay que esperar que sean vísperas de los festejos de Día de Muertos y darse una vuelta por Reforma… ahí estarán los alebrijes monumentales.