Día de Muertos

El 2 de Noviembre es el único día del año en el que se les da permiso a los muertos para venir a convivir con quien fuera su familia.

Sus almas acuden a disfrutar de aquella comida y bebida que se les ofrece con fervor a través de las ofrendas; a escuchar canciones, oraciones y anécdotas; a observar las sonrisas y algunas lágrimas que se les dedica este día.

Esa es una de las tradiciones que existen en México (y sí la creo!).  Así que fuimos con amigos a visitar San Pedro Tlahuac para vivir esta oda a la muerte y vimos algunas maneras de festejar esta noche.

Hubo quien se atavió como toda una catrina experimentada, algunos más con atuendos de danzantes regionales, pero con un toque propio del folclore del Día de Muertos.

Otros iban disfrazados de demonios o lloronas y el ambiente estaba más cerca de lo festivo que de lo lúgubre.

Aún pasada la media noche las calles  estaban abarrotadas de puestos de comida, y dentro del panteón,  las veladoras iluminaban tumbas y mausoleos repletos de flores, al son de distintos cánticos y murmullos que rompían la paz característica de un camposanto.

Gente de todas las edades disfrutaba de esta noche mientras nosotros pasábamos a lo largo de diferentes ofrendas.

De pronto, una de las familias que velaba a sus difuntos alrededor de una olla de café caliente nos invitó a unirnos a ellos.

Con un poco de vergüenza por la intrusión, nos quedamos a departir un ratito con ellos. La pasamos tan bien, que se nos olvidó  que íbamos a vernos con los demás amigos a la salida del cementerio.

¡Qué sorprendidos quedamos con la amabilidad de estas personas!  Estuvimos encantados con su charla, la sencillez y como, sin conocernos, compartieron con nosotros viejas anécdotas de sus seres queridos a quienes visitan año con año en este mismo lugar.

Tlahuac no sólo conserva las tradiciones mexicanas.  También atesora esa hospitalidad en su gente que te recibe con brazos abiertos, dejando un buen sabor de boca en estas fechas que, además, nos recuerdan aquella barca que algún día tendremos que tomar sin camino de vuelta.

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La noche que nadie duerme

En Huamantla, Tlaxcala ya se preparan para la noche del 14 de agosto, que es cuando bajan a la Virgen de la Caridad de su altar para recorrer las calles de este pueblo mágico, durante la llamada Noche que nadie duerme. 

La expresión de culto más importante es la confección de alfombras de colores y formas florales o religiosas, que cubren las calles por donde pasará el carro alegórico con la virgen encabezando la procesión.

Artesanos y fieles se dan a la tarea de elaborar estos preciosos tapetes durante el día, para que estén listos justo cuando salga la imagen de la Virgen a recorrerlos uno por uno.

Los más de siete kilómetros de tapetes florales son hechos de aserrín de colores perfectamente simétricos.  Todas estas creaciones son elaboradas por hombres y mujeres de Huamantla; devotos artesanos que participan con maestría y fervor para vestir las calles de gala.

Mientras pasan las horas, el panorama de Huamantla va transformándose rápidamente y se llena de girnaldas, luces, macetitas, flores y por supuesto, de cientos de visitantes que llegan aquí para celebrar esta fiesta.

Vale la pena darse una vuelta por acá que queda a poco más de dos horas de viaje desde la Ciudad de México.  Eso sí, hay que estacionar el coche en cuanto sea posible, porque por obvias razones, las calles centrales se encuentran bloqueadas.  Si se tiene la oportunidad hay que disfrutar de las tradiciones de México, siempre llenas de color, buena gastronomía y fulgurantes experiencias.