La flor de acero

Siento mariposas en el estómago de recordar aquella tarde en Avenida Figueroa Alcorta. Y es que años atrás conocí de lejos la Floralis Genérica mejor conocida como la “flor de acero” de Buenos Aires; pero siempre pasaba deprisa o en auto y sin intención de caminar por la Plaza de las Naciones Unidas, que es donde se encuentra.  Pero hace poco se me hizo entrar y ver frente a frente esta escultura de 18 toneladas.

Por suerte, esta planta inoxidable estaba abierta, porque ni crean que sus pétalos se encuentran siempre así; los pétalos se cierran durante la noche… aunque me acuerdo que en algún viaje que hice antes por estas tierras me tocó que estuviera cerrada durante toda mi estancia. Fallas técnicas, supongo.

Antes de instalar este proyecto con movimiento y complejo funcionamiento, se hicieron pruebas de resistencia y control como si fuese un avión.  Esta obra que extiende sus pétalos al cielo, tiene aleaciones de aluminio y acero, cuyos materiales provienen justamente de una empresa aeronáutica.

Después de una década de su creación y de formar parte del entorno de la ciudad, hoy ya es un ícono de vanguardia de la capital argentina. Pero les recomiendo que si van por ahí, no pregunten por Floralis Genérica, sino por “la flor de acero que está cerca de la Facultad de Derecho”.

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Parque de la Memoria

Conmovedor. Fue la primer palabra que vino a mi mente después de haber estado en este parque de la capital argentina.  Aquí se aprecian esculturas que son un homenaje permanente a ideales de lucha y desprecio a la ignominia.

Este monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado que sufrió Argentina desde mitad de los años 70 y hasta principios de los 80, se levanta en honor a aquellos que sufrieron las atrocidades de tortura y la desaparición.

Son 14 hectáreas las que albergan este espacio público ubicado en la Costanera Norte, junto al Río al que fueron arrojadas muchas de aquellas víctimas que no tuvieron un sepulcro donde llorarles.

El vacío que dejaron aquellos detenidos que padecieron ante el régimen militar autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983) se intenta contener en una mole, donde se tatuaron los nombres y apellidos de hombres, mujeres, adolescentes y embarazadas.

Es desolador siquiera estar junto a ese muro, que parece inmenso y donde apenas una diminuta flor se puede atorar en conmemoración a uno, o a todos ellos.

Conocer el Parque de la Memoria es conocer una herida que no se borra; un recuerdo de horror en la historia del pueblo argentino.