Parque de la Memoria

Conmovedor. Fue la primer palabra que vino a mi mente después de haber estado en este parque de la capital argentina.  Aquí se aprecian esculturas que son un homenaje permanente a ideales de lucha y desprecio a la ignominia.

Este monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado que sufrió Argentina desde mitad de los años 70 y hasta principios de los 80, se levanta en honor a aquellos que sufrieron las atrocidades de tortura y la desaparición.

Son 14 hectáreas las que albergan este espacio público ubicado en la Costanera Norte, junto al Río al que fueron arrojadas muchas de aquellas víctimas que no tuvieron un sepulcro donde llorarles.

El vacío que dejaron aquellos detenidos que padecieron ante el régimen militar autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983) se intenta contener en una mole, donde se tatuaron los nombres y apellidos de hombres, mujeres, adolescentes y embarazadas.

Es desolador siquiera estar junto a ese muro, que parece inmenso y donde apenas una diminuta flor se puede atorar en conmemoración a uno, o a todos ellos.

Conocer el Parque de la Memoria es conocer una herida que no se borra; un recuerdo de horror en la historia del pueblo argentino.

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Carnaval en Cariló

Niños en la Costanera

Un lugar imprescindible de ver en Buenos Aires es la Costanera.  Definitivamente es ideal para ver el atardecer, familias pescando o niños correteando por ahí.  Muchos turistas no había, uno que otro nada más.  Será porque dicen que no es muy seguro que digamos a altas horas de la tarde. Pero la belleza de este sitio vale la pena para ir a tomar al menos alguna bebida helada que mitigue el calor intenso de Capital Federal en los días de febrero, cuando el sol ya cae rendido de tanto alumbrar.

Estos nenes andaban de un lado a otro, juntos para acá y para allá, con una energía que parecía interminable!! y de pronto se asomaron  hacia el río como si fuera ese el sitio para recargar batería.  Ellos sin “remera”, como le dicen allá a las camisetas… ellos sin remera y sin pensar en mañana, solo viviendo ese momento.

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Con sabor a tango


Eso de ir a ver  tangueros en el barrio de La Boca, y aún más ir a San Telmo  es para la mayoría de los porteños algo inusual, especialmente si se trata de un espectáculo montado por bailarines profesionales, pero la verdad vale la pena darse una vuelta en la noche y disfrutar una cenita, con vino, carne y ensalada, acompañada de una buena dosis de lunfardo y milonga.

Me encanta que los porteños de “hueso colorado” (como mi esposo) disfruten de  atracciones de su  ciudad querida y que si bien son diseñadas para el turismo,  no por eso tienen menos mérito.  Además, seguro los argentinos salen del show tanto  o más emocionados que los extranjeros que pululan en estos sitios, así que no sé por qué  no son tan asiduos…

Esas  historias arrabaleras suelen ser algo exageradas, pero al final de cuentas de eso se trata el tango: tristes historias  entre danzas de abrazos sensuales y pasos rebuscados.

A uno como espectador no nos queda más que emocionarnos desde nuestra mesa, abrazados por la oscuridad, escuchando de fondo el bandoneón, el piano y el contrabajo que acompañan muy de cerca a imponentes mujeres y apuestísimos caballeros.