Y… ¡Llegaron los alebrijes!

 

 

 

Gigantes multicolor se presentaron con bombo y platillo en un desfile que organizó el Museo de Arte Popular y ahora se exhiben en el Paseo de la Reforma del D.F.

Artesanos mexicanos construyen piezas únicas de papel y cartón pintadas de colores vibrantes y llamativos, y como todo lo que se hace en México se hace a “lo grande” -dicen-, pues esto no es la excepción.

Aunque este es el cuarto año que se hace esta exposición, para mí es la segunda que voy a admirar, pero esta vez lo hice junto a mi familia, así que la disfruté más.

Estos alebrijes son piezas únicas hechas de papel, cartón y alambre que parecen ser arrancadas de la imaginación de sus creadores.  Sus formas son más bien extrañas y algunos evocan  seres de otro planeta, o animales prehistóricos de caricatura… o más bien parecen insectos que aumentaron de algún modo su tamaño… bueno, ¡ellos son los alebrijes! que año con año salen a las calles de México a demostrar que sigue viva una tradición que empezó a principio de los años treinta.

Hay diferentes versiones sobre el origen de los alebrijes, pero a mí la que más me gusta es la que cuenta que el primer artesano que logró hacer uno,  se llamaba Pedro Linares López, de oficio cartonero del barrio de La Merced, quien enfermó gravemente y durante muchos días estuvo inconciente, hasta el punto en que lo creían muerto.  En medio de su velorio, Linares despertó repentinamente ante el asombro de familiares y amigos y relató que durante su letargo, soñó criaturas fantásticas de formas y tamaños diferentes, cuyos cuerpos eran combinaciones de distintos animales de todas las épocas y latitudes.

No se sabe si esta historia es verdadera o no, pero es parte de la cultura popular, así que para poder ver de cerca a estos seres imaginarios, solo hay que esperar que sean vísperas de los festejos de Día de Muertos y darse una vuelta por Reforma… ahí estarán los alebrijes monumentales.

 

 

 

 

 

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Comida prehispánica en el D.F.

Hierbas de olor, maíz, flores, insectos, crustáceos, batracios y mamíferos, son algunos de los muchos ingredientes de la comida prehispánica que prepara con maestría y sobre todo, con mucho corazón, Don Fortino Rojas, el chef de un restaurante fuera de serie: “Fonda Don Chon”.

Estos platillos tienen además un ingrediente irresistible, sobre todo para quien va por primera vez a este restaurante de ambiente sencillo y familiar, porque saben a aventura; ya la simple expectativa de cómo se verán servidas unas tortitas de mosco de pantano, unos crisantemos rellenos, o unas tostadas de pejelagarto, es suficiente para empezar a disfrutar esas mezclas de sabores, olores y colores en un desfile culinario muy singular.

Acompañados de moles, guacamoles, salsas, arroz o frijoles, los manjares de la Fonda Don Chon han sido probados por personas de todas las esferas sociales, a nivel nacional e internacional.

Mis favoritos son los  exquisitos panuchos de venado, aunque también me animé a probar las carnitas de Tepezcuintle, el cabrito, el jabalí y el pastel de amaranto.

“El secreto de esta comida es el sazón”, dice Don Fortino, pero debe ser también porque él es un experto conocedor de plantas e insectos, que se da a la tarea no sólo de preparar sino de recolectar los ingredientes, como los gusanos de maguey, chapulines o las víboras compradas en su mayoría en el legendario mercado de La Merced.

Con más de 40 años sirviendo y haciendo lo que él disfruta más en la vida,  Don Fortino continúa preparando sus delicias prehispánicas, atiende personalmente a visitantes y hasta se da tiempo para tomarse la foto del recuerdo con turistas, que salen felices después de degustar una comida inolvidable.

Fonda Don Chon

Regina 160

Col. Centro

Tel.  55 42 08 73